Nunca en mi vida había pensado
que llegaría a vivir tan de cerca esto de la “Realidad Aumentada”, de la
realidad que va más allá del plano de lo que puedes ver y tocar. Creía que un
futuro desarrollarían este tipo de tecnología, pero nunca pensé que tendría la
suerte de comprobarlo y disfrutar de sus potencialidades y ventajas.
Nuestro trabajo consistía en
animar un cuadro, revivirlo, traerlo a la vida…pero no a la realidad, sino a la
realidad virtual. El principal y único requisito que nos pusieron nuestros
profesores de TIC fue que el cuadro tenía que ser de un artista que hubiera
muerto hace más de 70 años, el resto quedaba a nuestra libre elección: podíamos
grabarlo utilizando un chroma key, con el cuadro por detrás pintado en papel,
podíamos salir todos los integrantes del grupo hablando o bien solo uno…
Maca, Gina y yo iniciamos de inmediato
la “caza del cuadro”, pero no fue una tarea para nada sencilla. Dudábamos entre
mucho cuadros (unos 40) pero al final optamos por hacer el cuadro de un gato. Sin
embargo, en el último momento decidimos cambiar de cuadro (ya que Maca tiene
alergia a los gatos) y tuvimos la gran suerte de encontrar Lady at her toilette o Muchaha
en su tocador de Berthe Morisot, una mujer artista del siglo XIX.
Buscamos información sobre la
biografía de la artista, sobre la historia del cuadro y sobre el estilo, pero
no únicamente en páginas web españolas, sino también en inglesas, puesto que
teníamos la gran suerte de contar con Gina (una inglesa de pura cepa). Después
nos repartimos los papeles que haría cada una y elaboramos un guion para grabar
el vídeo. A mí me tocó ser la protagonista del cuadro, a Gina ser Morisot y a
Maca hacer de turista.
El día de la grabación estábamos emocionadísimas,
tanto que Gina tuvo unos problemillas con su tripa antes de grabar y empezó
otro grupo antes que nosotras, pero eso no importó, LO HICIMOS GENIAL,
PARECÍAMOS VERDADERAS ACTRICES.
La Realidad Aumentada, usada de
manera formativa y dirigida hacia la educación puede ser una forma divertida y
emocionante de aprender y enseñar. No sólo conquista el corazón de nuestros
alumnos y alumnas, sino también el nuestro. En este caso en particular, que sea
el propio cuadro el que te cuente su historia, y no tengas que sufrir la típica
exposición petarda de una clase de historia del arte, hace que los niños
aprendan divirtiéndose y que tú disfrutes enseñando.
Digámosle sí a la Realidad
Aumentada, digámosle sí al futuro.
Raquel del Saz Quintero