Tedesco se refiere a “La Sociedad
del Conocimiento” como “Nuevo Capitalismo”, el cual está basado en la
centralización del conocimiento y la información. Esta supuesta centralización
iba a permitir generalizar el acceso y la producción del conocimiento a toda la
sociedad, por lo que viviríamos en una sociedad más democrática, más
equitativa, con más acceso al conocimiento. Sin embargo, este “Nuevo
Capitalismo” en realidad genera mayor injusticia e inequidad que el capitalismo
tradicional, ya que la riqueza se
concentra sólo en determinados sitios y han aparecido nuevas formas de
exclusión, de marginación (hay regiones del planeta que quedan fuera del
circuito de la producción y el consumo). La desigualdad se ha hecho fuerte.
Debido a todo esto, en la última
década está surgiendo una corriente ético- política que defiende la necesidad
de construir una sociedad más justa, cuyo centro y condición necesaria es la
educación.
La educación tiene como fin generar
adhesión a la justicia, formar a las personas para que aprendan a vivir juntas
y construir una sociedad más solidaria, donde todos estemos incluidos. Su
máximo fin es el de construir una sociedad que esté basada en una solidaridad
reflexiva, consciente: nosotros decidimos ser solidarios porque queremos serlo,
incluimos al excluido porque queremos hacerlo. Y esta justicia, este aprender a
convivir en sociedad, a ser solidarios, se puede enseñar en la escuela.
Pero cuando Tedesco habla de
escuela no se refiere a la escuela tradicional, sino a la nueva escuela. Esta
nueva escuela, diferente a la tradicional, permite que no nos anclemos en una
cultura determinada, que no nos anclemos en un determinado contexto cultural,
ya que en sus aulas convive una gran diversidad de alumnos, de etnias y
culturas distintas. Y este aspecto contracultural de la escuela favorece el
sentido de la justicia.
Hoy en día las anclas no nos
sirven, tenemos que movernos, navegar permanentemente. Pero para navegar, para
surcar los mares actuales y del futuro libremente, necesitamos brújulas. Y es
la escuela la que dota a los alumnos y a las alumnas de la brújula que les
dirige hacia el norte, hacia esos valores de convivencia, de respeto, de solidaridad
reflexiva.
Y en el colegio público “Nuestra Señora
de Gracia” de Málaga, llevan implantando desde hace varios años un proyecto
educativo basado en todos estos conceptos y fines que plantea Tedesco. Este
proyecto lo que pretende es conseguir acabar con la desigualdad y resolver los
conflictos en un ambiente de respeto, convivencia e integración. Los maestros y
las maestras pretenden formar a sus estudiantes para que logren vivir y
alcanzar una sociedad más justa, en la cual las personas disfruten de la
igualdad de oportunidades.
Como bien señalan sus docentes,
con la escuela crecemos, nos hacemos personas, descubrimos todo el universo que
nos rodea, aprendemos a relacionarnos y a vivir en sociedad. Por eso piensan
que es fundamental que las prácticas educativas y las propuestas pedagógicas se
basen en la solidaridad y el respeto, porque es en la escuela donde estamos
formando a los ciudadanos del mañana, y si queremos conseguir una sociedad
solidaria y justa, debemos enseñar dichos valores.
Su proyecto educativo es un claro
ejemplo de innovación pedagógica y de compensación de desigualdades. En vez de
construir paredes y tabiques los tiran, los destruyen, rompen barreras. Hacen
que los diferentes cursos interactúen entre ellos y se mezclen, que los niños y
niñas de sexto apadrinen a los de primero a través de una actividad de lectura
de cuentos y libros, que en el aula convivan diferentes culturas y que no se
excluya a ninguno de sus alumnos, que se promueva la conciencia ciudadana, que participen las familias de los alumnos y
alumnas, y que, sobre todo, tanto los estudiantes, sus padres y madres y los
maestros se sientan partícipes de la educación y el aprendizaje y sientan que
son los protagonistas, que vean que la educación es suya y no una exclusividad
de los profesores.
Además, se basan en la verdadera
justicia para trabajar. Defienden que la educación es igual para todos, pero
atendiendo siempre a que todos somos distintos y nuestras necesidades son
diferentes. Su currículum es algo más que enseñar matemáticas, lengua…es algo
mucho más global, y también incluye esa actitud de escucha , de respeto, esa mirada
al alumno y a la alumna desde lo que son.
En la escuela tradicional se
instauraba la rutina y la certeza de que todo estaba bien hecho, pero esta nueva
escuela defiende que para que la educación sea de calidad tiene que existir un
gran espacio para la duda y el crecimiento personal, el crecimiento en grupo y
la formación. No siempre hacemos las cosas bien, también fallamos, por lo que
es conveniente evaluar lo que hacemos y aprender de nuestros errores.
Su trabajo nace de la continua
reflexión y del debate. La gestión del colegio, según se recoge en el proyecto
educativo es asamblearia, una asamblea gestiona la vida del centro. Reflexionan
sobre lo que se está trabajando, sobre lo que se va a aprender y valoran lo que se ha aprendido.
Además, saben que las voces de
los niños y niñas son importantes, por eso utilizan las asambleas como una
herramienta del aula. El hecho de darle voz a los niños ayuda a los profesores
a resolver conflictos, y sirve como
método para que los alumnos vean que cuando ellos participan, dicen y opinan
cosas su voz es escuchada y respetada.
En definitiva, en esta escuela tienen
muy claro que los alumnos serán los futuros ciudadanos del mundo, por ello
luchan por conseguir formarles en una cultura de paz, de respeto, de
colaboración y cooperación, de solidaridad.
Como bien señalan:
"LA EDUCACIÓN ES UNA INVERSIÓN"
No hay comentarios:
Publicar un comentario